Son dos cartas de familiares de enterrados en el Cementerio de las Botellas
Felipe Anguita
Anguita, un tosiriano en el Fuerte de San Cristóbal (Pamplona).
Enterramiento
103 en “El Cementerio de las botellas”.
Buenas
tardes. Mi nombre es Juan Ortega ANGUITA de Torredonjimeno (Jaén). Antes de
nada, quiero agradecer a la Asociación
Memoria Histórica del Fuerte de San Cristóbal (Pamplona) - Txinparta-Fuerte San
Cristóbal con el que nuestra familia, nos pusimos en contacto para saber de
mi tío FELIPE
ANGUITA ANGUITA, hermano de mi madre, Isabel.
Mi
tío, era –según me contaba mi madre- un buen hombre, nacido en 1912 que
trabajaba en el campo, olivos y viñas, de un pueblo de Jaén llamado
Torredonjimeno. Además de esos trabajos, fue Inspector de La Policía Local, del
que todo el mundo hablaba bien de él.
Mi
tío se casó muy joven y la vida, no le pudo empezar más dura. Tres meses
después del nacimiento de su hija, llamada Aurora, una niña preciosa (para mí
era mi segunda madre), falleció su esposa. En ese estado, viudo, se fue a vivir
con mi abuela y mi madre (última hija de 13 hijos que tuvieron mis abuelos), la
cual tendría unos 14 años y fue la que se hizo cargo de cuidar a la bebé.
Con tanto dolor y con su
vida deshecha, estudió y ejerció como Inspector de la Policía Local, de nuestro
pueblo, desde el golpe de Estado de Franco, hasta 1939 que fue cuando lo “cogieron”
diciendonos: “nos lo llevamos para que nos cuente cómo funcionaba la policía local y
para firmar los últimos documentos de su puesto”. Según me decía mi
madre (ella que lo quería muchísimo),
sus hermanos y padres empezaron a llorar y a pedirles que no le hicieran
nada porque además de viudo tenía una niña muy chiquita y él no ha hecho daño a
nadie.
Pasaba
el tiempo y mi abuela bajaba todos los días al Ayuntamiento para pedir y saber
dónde estaba su hijo. No sólo que no le decían nada, sino que la echaban
de mala manera. Después, setenta y cinco
años, nos hemos enterados que les estaban juzgando un Consejo de guerra en Jaén, cuyo delito era: Adhesión a la
rebelión.
Mientras pasaba el
tiempo, y sin noticia de ningún tipo, la hija de Felipe se iba haciendo grande. Las palabras que os
voy a decir, a continuación, no tienen por dónde cogerlas…, hasta el punto de
que mis gafas se están “llenando de gotas”. Mi madre me contaba muchas cosas de
sus hermanos y de la familia. Un día me contó lo siguiente: “yo
era la que levantaba y vestía a Aurora y era muy juguetona. Un día, cuando fui
a cogerla y ponerla de pie, se caía. Yo, regañándola le decía, deja de portarte
mal que si no, no vamos a ver a tu otra abuela”. No era que Aurora no se
quería levantar, era que no podía porque había contraído la polio (La poliomielitis).
Afortunadamente, Aurora era una chica muy lista y además de coser, tenía una academia de sastre para enseñar a jóvenes. Ella no podía bajar de la silla con ruedas hasta que un día pensó en operarse para poder moverse por sí misma. Al final y después de 18 operaciones, ella andaba con muletas y se fue a vivir a Madrid donde se casó y tuvo un hijo. A todo esto, mi abuela seguía bajando al Ayuntamiento y siempre recibía lo mismo: “no sabemos nada de Felipe”. Mintiendo como salvajes y fascistas sin sensibilidad de ningún tipo.
Mientras
toda la familia estábamos detrás de saber y dónde estaría el cuerpo de Felipe*. Pues
resultó que el Estado franquista lo tenían en la prisión de Jaén desde el día
27 de abril hasta el 9 de octubre de 1939 para juzgarlo con un Consejo de guerra de Jaén el día 26 de
enero de 1940 por Adhesión a la Rebelión, con Reclusión perpetua. De Jaén
lo traspasaron a La Coruña el día 7 de
junio de 1940… Y la familia sin saber dónde estaba y si estaba vivo o
muerto. De La Coruña lo pasaron a Porta
Coeli (Valencia) en el día 10 de enero de 1941… Y la familia sin saber
dónde estaba y si estaba vivo o muerto. Y de Porta Coeli lo pasaron a Pamplona en el día 20 de octubre de 1942. Desde aquí, Felipe, ya se
fue a su muerte el día 27 de octubre de 1944, con 32 años sin poder despedirse de
sus padres, hermanos y hermanas y, lo más duro, a su hija.
Quiero reconocer y darles
las gracias por el trabajo y por conseguir todo lo que habéis conseguido con un
nombre que no olvidaré nunca (TXINPARTA FUERTE SAN
CRISTÓBAL R.M.C.) porque, esta asociación ha sido un modelo y un timón
para las familias que hemos sufrido, viviendo con esa espina tan dura, pensando
en los malos y duros momentos de
nuestros seres queridos… Y por eso, tres generaciones, hemos tenido el
honor y el gusto de conocer a todos vosotros porque habéis llevado a nuestros
corazones algo que no estaba fácil y luchando mucho por la Democracia y la
Memoria Democrática.
Para acabar, no puedo decir lo más importante. Conocí a Víctor Oroz a través de mi amigo Ramón Morilla. Sin por vosotros dos, mi tío Felipe Anguita Anguita no estaría descansando en el mismo nicho que su hija en un cementerio de Madrid.
Eskerrik asko,
Eskerrik asko y Eskerrik asko
CARTA DE FAMILIAR DE MIGUEL DE LOS RÍOS MUÑOZ, preso N.º 5612
Soy nieta de Miguel de los Ríos y, lógicamente, no lo conocí.
Todo lo que aquí explico lo he sabido por las "cositas" que me
contaba mi madre y por la inmensa información que me ha facilitado la
Asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal.
Me pedís que hable del abuelo y también que explique por qué
hemos decidido mantenerlo en el Cementerio de las Botellas. Cómo negarme a
ello…
El abuelo Miguel fue un hombre normal. Progresista. Leía
mucho. Le gustaba estar con sus amigos y también disfrutar de la familia y de
la vida en general… Según cuentan, cantaba y tocaba el órgano en la iglesia del
pueblo, a pesar de no ser creyente…
Su único delito fue ser Carabinero y fiel a la República. Fue
detenido, juzgado y condenado a muerte por "adhesión a la rebelión"
(yo me pregunto a cuál). Condena que posteriormente fue conmutada por cadena
perpetua.
Estuvo en la Cárcel de Ondarreta durante 6 años, donde pasó
muchas penurias y hambre. Tras enfermar gravemente de tuberculosis fue
trasladado al "Sanatorio Penitenciario del Fuerte San Cristóbal".
Tras varias solicitudes de indulto por enfermedad y vejez, se
lo concedieron. Mi madre tenía guardada su última carta donde se lo comunicaba
(28-01-1944). Se le esperaba de vuelta a casa, era algo inminente. Solo quedaba
pendiente el documento oficial firmado… que se estaba retrasando...
Como pasaba el tiempo y su padre no llegaba, mi madre se presentó en el Fuerte para pedir noticias. "Este señor ha muerto, aquí tiene sus pertenencias..." Nada más... El silencio... Y la vida siguió adelante…
En 2016 me animé a
escribir a vuestra Asociación. Os dije que mi abuelo había muerto en San
Cristóbal pero no sabía nada más. Solo eso. Como respuesta, Koldo me confirmó
que falleció el 11-02-1944 (a 2 semanas de la carta) y que estaba en la fila
4ª, nº 76 del Cementerio de las Botellas. Y a partir de ahí, me facilitasteis
cientos de documentos que recogían toda una vida, toda una historia…
El recibir toda esta información me generó una oleada de
sensaciones que no sé explicar bien. Esos recuerdos guardados (que nunca
olvidados) volvieron a resurgir…
Lo más importante: El abuelo recuperó su identidad, su
dignidad y sus derechos... Su reconocimiento. No sé... Me dio consuelo…
Respecto al Cementerio, dado que ninguno de sus hijos está ya
entre nosotros, sus nietos aceptamos gustosamente la responsabilidad de
recordarlo y reivindicarlo…
Por ello, con el abuelo ahora "visibilizado" y sabiendo
dónde descansan sus restos, sus nietas y nietos:
Decidimos no moverlo, que
descanse en paz después de tanto sufrimiento…
Decidimos que sirva de
reconocimiento de este triste lugar...
Decidimos que sirva para luchar
por esa Memoria Histórica tan necesitada…
Decidimos que sirva para reivindicar su dignidad y sus derechos; los del abuelo y los de todos los que aquí padecieron…
Esa Memoria Histórica que tanto está costando...
Al menos él no está en un lugar anónimo... ni en una cuneta...
ni una zanja... Qué indignación cuando oigo que "para evitar sufrimiento
no hay que abrir las heridas..." Pero qué dicen!!! Que sepan que no
abrimos heridas, porque las heridas todavía no están cerradas...
Finalmente aprovecho para dar las gracias al colectivo de
personas que integran la Asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal. Gracias por
vuestro cariño, esfuerzo, trabajo e implicación. Y, por mi parte, un fuerte
abrazo para Lupe y Koldo. Gracias amigos.
Mila esker Txinparta-Fuerte San Cristobal talde
guztuiei!!!. Mila esker lagunak eta eskerrik asko!!!
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